• Podría haber sido una asociación o una sociedad, pero siendo hijos de Falstaff no queda otra que ser Hermandad. Sin lazos de sangre, pero de vino, que también es más espeso que el agua.
  • La Hermandad tiene, irremediablemente, numerus clausus. Falstaff, en su discurso fundacional, lo dejó claro: “Si mil hijos tuviera…” Ya puestos, en el calor del momento, podría haber dicho cien mil hijos o un millón de criaturas. Pero se ciñó a mil. Estarán ésos: ni uno más ni uno menos.
  • Se abrirá una lista de espera llamada o los nietos infinitos de Falstaff o los sobrinos inagotables de Dickens, que también era partidario del jerez. La lista de espera tiene que ser cómoda porque, entre las innumerables propiedades benéficas del jerez, está que alarga la vida. Correrá poco, gracias a Dios, la lista. No el vino —fino, oloroso, manzanilla, palo cortado, amontillado, médium, pedro ximénez...— que correrá lo que tenga que correr.

 


Fin social

 

El fin social son sus medios: las copas que se tomarán. Un fin sin fin. Siempre la penúltima.

 
  • Esto tiene sus consecuencias. Las explicó Falstaff: “Un buen jerez produce un doble efecto: se sube a la cabeza y te seca todos los humores estúpidos, torpes y espesos que la ocupan, volviéndola aguda, despierta, inventiva, y llenándola de imágenes vivas, ardientes, deleitosas, que, llevadas a la voz, a la lengua (que les da vida), se vuelven felices ocurrencias”. Por tanto, aunque alguna vez tendremos que consolarnos, por supuesto, y para eso el jerez no nos dejará solos, ésta es una hermandad de gloria, en la que ha de imperar, en principio y por principio, la felicidad, bien expresada y redoblada en escritos y conversaciones.
 

Aunque alguna vez tendremos que consolarnos, por supuesto, y para eso el jerez no nos dejará solos, ésta es una hermandad de gloria

 
  • “La segunda propiedad de un buen jerez”, sigue Falstaff, “es que calienta la sangre, la cual, antes fría e inmóvil, dejaba los hígados blancos y pálidos, señal de apocamiento y cobardía. Pero el jerez la calienta y la hace correr de las entrañas a las extremidades. Ilumina la cara que, como un faro, llama a las armas al resto de este pequeño reino que es el hombre, y entonces los súbditos viles y los pequeños fluidos interiores pasan revista ante su capitán, el corazón, que, reforzado y entonado con su séquito, emprende cualquier hazaña. Y esta valentía viene del jerez”. Por tanto, la cobardía estará fatal vista en la Hermandad. No repartiremos plumas blancas porque, bebiendo jerez, no habrá ocasión. Si alguno, tuvo alguna vez “la sangre fría, cual tierra yerma, árida y estéril”, aquí “la ha abonado, arado y cultivado con tesón admirable bebiendo tanto y tan buen jerez fecundador que se ha vuelto ardiente y valeroso”.
  • En resumen, el fin es el medio y es el medio inmejorable para mejorar en ingenio y en genio. Esta es una Hermandad, por tanto, perfeccionista.
  • No se puede pedir más. Lo que no obsta para que algunas reuniones puedan aprovecharse para apoyar alguna labor social. Ya se sabe que el vino abre el corazón del hombre no sólo a la alegría, que entra, sino a la piedad, que sale, como con vasos comunicantes, siempre al mismo nivel.

Modus Operandi

El jerez no se bebe, se combebe, conviviéndose.

  • El jerez no se bebe, se combebe, conviviéndose. Siempre hay que beberlo en buena compañía, y esta Hermandad es, como mínimo, una prueba más. 
  • Lo que no quiere decir que quien lo bebe solo haga mal ni falte al art. 9. El jerez también se combebe haciendo presencia de los ausentes y memoria de los difuntos. Una copa de vino en silencio puede y debe y tiene que ser populosa, siempre.
  • José de las Cuevas, con inmejorable prosa, establece la norma del beber civilizado:

 
Debe ser bebido, no con moderación, sino con mesura; no con continencia, sino con contención, remachando y arrastrando las erres en vez de tropezarlas
— José de las Cuevas
 
  • José María Pemán, en verso, no se queda atrás y nos da otra norma fundamental de nuestra Hermandad: 
 
Beber es todo medida
alegrar el corazón
y sin perder la razón
darle razón a la vida.
— José María Pemán
 
  • Los falstaffianos prefieren la práctica, pero les entusiasma la teoría. El interés por el jerez, la manzanilla, sus tipos y sus modos ha de ser vivísimo y celebrado con catas que consoliden el conocimiento libresco de un modo experiencial.
 

Hay un jerez para cada ocasión y un falstaffiano no se pierde una.

 
  • Si alguno es remilgado, no nos metemos, porque cada cual tiene su carácter, pero la Hermandad no beneficia ningún modo ni horario ni marca ni maridaje ni manía personal en lo que respecta a tomar jerez. Todas las formas y todas las maneras son buenas maneras y muchísimo mejores que no beberlo.

Sede y reunión

 

La sede social estará allí donde tres o cuatro se reúnan en un brindis.

 
  • La sede social estará allí donde tres o cuatro se reúnan en un brindis, dicho sea, con todo respeto y brindando por Aquél que también puso su sede social en ese lugar ubicuo, festivo y comunitario: el dos o tres reunidos en su nombre.
  • Como queda dicho supra, de esos tres o cuatro reunidos en el brindis, algunos pueden ser ausentes que se recuerden con tanta viveza que hasta beben con nosotros; y lo harán, en su caso, del sorbo de los ángeles, que compartirán con ellos: los ángeles y las almas en otra fiesta paralela. Algo así como El Entierro del Señor de Orgaz, pero por lo jovial.
  • Se celebrará, no obstante, una reunión anual y general que, por imperativos logísticos, consecuencia impagable del número de hermanos, tendrá que ser en un casco de bodega, afortunadamente. La bodega ha de estar encuadrada en el Marco, sin salirse ni un centímetro del triángulo Jerez-Sanlúcar-El Puerto de Santa María.
  • La reunión se celebrará alrededor del 23 de abril, para brindar por Shakespeare, pero a la par por Cervantes, que era su par y que habló “de los que se alegran en los elíseos jerezanos prados” y ésos, literalmente, seremos, bien alegres, nosotros, los hijos de Falstaff, un punto quijotescos.

Miembros

  • No hay requisitos de edad ni de nacionalidad ni de patrimonio ni de filosofía para pertenecer a la Hermandad de Falstaff. Sólo faltaría, teniendo a tal patrón. Eso sí, todo hijo de Falstaff habrá de mantener, demostrar, sostener y defender una afición desmedida por el vino de Jerez sin dejar pasar ocasión de probarlo o de aprobarlo con hechos y palabras. 
  • El interesado, si todavía quedan vacantes, solicitará su inscripción y será recibido con los brazos abiertos y un brindis o dos a su salud. (O tres.) Si entra por un hijo de Falstaff que pasó a mejor Hermandad, el nuevo está obligado a tenerlo siempre en su memoria y a brindar por él con alta frecuencia.
  • No habrá cuotas, más allá de la entrada a la reunión correspondiente, si acaso.
 

A la Hermandad se contribuye liberalmente mediante el mantenimiento y auge del jerez por un consumo constante.

 

  • En la reunión, se celebrará con toda formalidad el abjuramiento de los nuevos hermanos, sobre un tomo de Enrique IV. Ya saben: “Abjuro de todo brebaje infecto y me consagro por entero al jerez”. 
  • El abjuramiento se ciñe a un solo principio humano, sin meterse con los divinos, que van antes. En la Hermandad Falstaff impera la libertad de conciencia y de culto, siempre y cuando esa conciencia o ese culto no pongan inconveniente alguno al trasegar de vinos de jerez o, aunque lo pongan, el hermano en cuestión no les eche ninguna cuenta.
  • En casos de fuerza mayor, como andar desorientados por el desierto o haber naufragado en alta mar, se podrá beber cualquier potingue. La Hermandad no exige el martirio de nadie.

Abjuramiento


  • En la reunión, se celebrará con toda formalidad el abjuramiento de los nuevos hermanos, sobre un tomo de Enrique IV. Ya saben: “Abjuro de todo brebaje infecto y me consagro por entero al jerez”. 
  • El abjuramiento se ciñe a un solo principio humano, sin meterse con los divinos, que van antes. En la Hermandad Falstaff impera la libertad de conciencia y de culto, siempre y cuando esa conciencia o ese culto no pongan inconveniente alguno al trasegar de vinos de jerez o, aunque lo pongan, el hermano en cuestión no les eche ninguna cuenta.
  • En casos de fuerza mayor, como andar desorientados por el desierto o haber naufragado en alta mar, se podrá beber cualquier potingue. La Hermandad no exige el martirio de nadie.

Abjuramiento