Fin social


4. El fin social son sus medios: las copas que se tomarán. Un fin sin fin. Siempre la penúltima.

5. Esto tiene sus consecuencias. Las explicó Falstaff: “Un buen jerez produce un doble efecto: se sube a la cabeza y te seca todos los humores estúpidos, torpes y espesos que la ocupan, volviéndola aguda, despierta, inventiva, y llenándola de imágenes vivas, ardientes, deleitosas, que, llevadas a la voz, a la lengua (que les da vida), se vuelven felices ocurrencias”. Por tanto, aunque alguna vez tendremos que consolarnos, por supuesto, y para eso el jerez no nos dejará solos, ésta es una hermandad de gloria, en la que ha de imperar, en principio y por principio, la felicidad, bien expresada y redoblada en escritos y conversaciones.

6. “La segunda propiedad de un buen jerez”, sigue Falstaff, “es que calienta la sangre, la cual, antes fría e inmóvil, dejaba los hígados blancos y pálidos, señal de apocamiento y cobardía. Pero el jerez la calienta y la hace correr de las entrañas a las extremidades. Ilumina la cara que, como un faro, llama a las armas al resto de este pequeño reino que es el hombre, y entonces los súbditos viles y los pequeños fluidos interiores pasan revista ante su capitán, el corazón, que, reforzado y entonado con su séquito, emprende cualquier hazaña. Y esta valentía viene del jerez”. Por tanto, la cobardía estará fatal vista en la Hermandad. No repartiremos plumas blancas porque, bebiendo jerez, no habrá ocasión. Si alguno, tuvo alguna vez “la sangre fría, cual tierra yerma, árida y estéril”, aquí “la ha abonado, arado y cultivado con tesón admirable bebiendo tanto y tan buen jerez fecundador que se ha vuelto ardiente y valeroso”.

7. En resumen, el fin es el medio y es el medio inmejorable para mejorar en ingenio y en genio. Esta es una Hermandad, por tanto, perfeccionista. 

8. No se puede pedir más. Lo que no obsta para que algunas reuniones puedan aprovecharse para apoyar alguna labor social. Ya se sabe que el vino abre el corazón del hombre no sólo a la alegría, que entra, sino a la piedad, que sale, como con vasos comunicantes, siempre al mismo nivel.