Si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les inculcaría, sería abjurar de todo brebaje infecto y dedicarse por entero al jerez.
— "Enrique IV", William Shakespeare

Lazos de vino


1. Podría haber sido una asociación o una sociedad, pero siendo hijos de Falstaff no queda otra que ser Hermandad. Sin lazos de sangre, pero de vino, que también es más espeso que el agua.

2. La Hermandad tiene, irremediablemente, numerus clausus. Falstaff, en su discurso fundacional, lo dejó claro: “Si mil hijos tuviera…” Ya puestos, en el calor del momento, podría haber dicho cien mil hijos o un millón de criaturas. Pero se ciñó a mil. Estarán ésos: ni uno más ni uno menos.

3. Se abrirá una lista de espera llamada o los nietos infinitos de Falstaff o los sobrinos inagotables de Dickens, que también era partidario del jerez. La lista de espera tiene que ser cómoda porque, entre las innumerables propiedades benéficas del jerez, está que alarga la vida. Correrá poco, gracias a Dios, la lista. No el vino —fino, oloroso, manzanilla, palo cortado, amontillado, médium, pedro ximénez...— que correrá lo que tenga que correr.