Abjuramiento


23. En la reunión, se celebrará con toda formalidad el abjuramiento de los nuevos hermanos, sobre un tomo de Enrique IV. Ya saben: “Abjuro de todo brebaje infecto y me consagro por entero al jerez”. 

24. El abjuramiento se ciñe a un solo principio humano, sin meterse con los divinos, que van antes. En la Hermandad Falstaff impera la libertad de conciencia y de culto, siempre y cuando esa conciencia o ese culto no pongan inconveniente alguno al trasegar de vinos de jerez o, aunque lo pongan, el hermano en cuestión no les eche ninguna cuenta. 

25. En casos de fuerza mayor, como andar desorientados por el desierto o haber naufragado en alta mar, se podrá beber cualquier potingue. La Hermandad no exige el martirio de nadie.

26. También, en aras de la buena educación, cabrán excepciones. Si uno está invitado a cenar en la casa de la dueña de una empresa de bebidas gaseosas y azucaradas, puede pasar por el trance del trago, sin añadir a su particular tragedia el cargo de conciencia de estar faltando a su solemne abjuramiento.

27. El agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta, puede consumirse y hasta disfrutarse, si se tiene mucha sed. No se la considera “brebaje infecto”. Pero se recomienda beberla con moderación.

28. “El que sólo bebe cerveza se lo merece”, dijo Millôr Fernandes, con una crueldad finísima. El que sólo bebe bebidas carbonatadas se inflige su castigo.

29. Situado en una coyuntura en que un falstaffiano haya de tomarse una copa larga, optará o por el brandy de Jerez, dándole la vuelta de tuerca o, mejor dicho, de alquitara, a la coyuntura, o, si acaso, un whisky envejecido en botas de jerez, para agarrarse al sabor y al empaque que el jerez donó generosamente al escocés. Salirse de ahí se desaconseja, aunque sin fanatismos.